viernes, 4 de septiembre de 2009

Sobre la educación (adoctrinamiento)


Fuente: Notas de Gerardo Caprav en Facebook

EDUCACION NACIONAL, EDUCACIÓN IRRACIONA
L
Gorka Echevarría
Querer imponer un idioma alegando perjuicios históricos conduce a serios conflictos sociales y hace peligrar el equilibrio interlingüístico en algunos territorios. Por ello, hay que pararse a pensar si el sistema educativo tiene lógica y si es contrario o no a la libertad de los padres a elegir la forma de educar a sus hijos.
Introducción
¿Puede la educación pública ser verdaderamente libre o acaso su fundamento no es otro que el control social? Esta es la pregunta clave. Si la educación sigue los dictados de Fichte que establecía que “la nueva educación debería consistir precisamente en aniquilar la libertad de la voluntad desde la base que ella pretende cultivar y a cambio hacer surgir en la voluntad una necesidad rigurosa de las decisiones y una imposibilidad de lo contrario”, entonces la educación pasa a ser adoctrinamiento y eso es claramente perverso.
¿Cuándo estamos ante el adoctrinamiento?
En el momento en que en se fijan planes educativos y se imponen una serie de contenidos en materia de humanidades: desde la historia hasta la filosofía pasando por el estudio de distintos idiomas y además se descentraliza la potestad educativa, corremos un serio peligro, el de que cada estado federado, región o el propio Estado Central fije el conocimiento que va a adquirirse en las escuelas.
¿Puede alguien sustraerse del sistema?
Otro problema es que los colegios privados no pueden escaparse del sistema porque están obligados a cumplir las regulaciones de las consejerías o ministerios de educación. Por otro lado, están atados por las subvenciones que les otorgan. Al final no son más que meros instrumentos del poder para hacer lo que se decreta.
Visto la imposibilidad de salirse del sistema y menos acudir al home schooling1 como medida de los padres para decidir lo que van a aprender sus hijos, ahora es el momento de analizar los problemas de adoctrinamiento y sus consecuencias perversas en el desarrollo mental de los niños
Los padres pueden educar a sus hijos en sus casas con ayuda de profesores contratados, por su cuenta y riesgo o en asociación de otros padres para acudir a academias o crearlas. En USA el home schooling no está prohibido como en España.


El fin de la educación y la truncada patria potestad
Dado que el único “propósito de la educación es enseñar al estudiante cómo vivir su vida desarrollando su mente y equipándole para que se enfrente a la realidad(...)”2 como señala Ayn Rand todo paso hacia la ideologización de las mentes incubando la “resignación, el letargo” y la dependencia es un salto al vacío.
Al ser los padres los tutores de sus hijos el mero hecho de que no se les deje elegir lo que se va enseñar a éstos, infringe su “patria potestad”. Además hay que preocuparse de por qué el Estado tiene tanto interés en la educación. Como todo servicio que otorga, es ineficiente, derrocha recursos y hace que los pobres no puedan acudir a los mismos colegios que los ricos ya que al contar el sector público con muchos recursos y establecer duras condiciones de entrada para los que quieran abrir escuelas, elevan los precios de las entidades de enseñanza privadas. Así que es más caro para todos optar por una enseñanza privada algo menos sujeta a la uniformización y masificación pública aunque desgraciadamente aún no lo suficientemente libre por la intervención estatal.
El mercado favorece la diversidad
Si entendemos que el sector servicios como el resto de los sectores económicos es más productivo y ofrece más diversidad al satisfacer los plurales deseos de los consumidores cuando hay mayor libertad, no entendemos cómo es posible que en este campo se cierre la puerta a la libre competencia.
En el mundo global en el que vivimos hay tres o cuatro lenguas imprescindibles: el inglés, el alemán, el español y el francés con las cuales se puede ir casi a cualquier parte del mundo comunicándose con soltura. Lo más razonable sería que se diese la posibilidad de no encerrarse en un dialecto o idioma oficial aunque fuese parte de la cultura local, provincial o nacional.
Por ejemplo, que un catalán decidiera no enseñar a sus hijos el español y si el inglés y el francés debería ser cosa suya porque este chico sabría amoldarse a la lengua con la que puede comunicarse con otras personas y si no sería cosa suya si con un hispano-hablante tuviera que sostener una conversación en otro idioma distinto. No es ningún drama que en Rentería (País Vasco ) decidieran no estudiar español porque allí se entenderían entre sí sin ningún problema. Cómo apañarse con el turismo es una cuestión que sólo a ellos repercute. Probablemente tendrían que ver la necesidad de estudiar otras lenguas para hacer frente a una demanda de trabajadores (camareros, dependientes...) que supieran desenvolverse en varios idiomas.
Quizá como solución transitoria (second-best, en el argot económico) podríamos plantear la introducción del cheque escolar que consiste en que el Estado en vez de sostener colegios públicos y subvencionar a entidades concertadas, dé dinero a los ciudadanos sin recursos para que elijan el colegio que prefieran para sus hijos. De esta forma se preserva lo que Milton Friedman denomina “libertad de elegir”3 mientras que se evita que el Estado dirija a los niños por su camino. Lo que no va a impedir es que los planes educativos los siga haciendo a su medida el Gobierno ni que establezcan “etiquetas de calidad” para el reconocimiento oficial de los centros educativos. Hasta entonces, como primer paso hacia la libertad total precisa para optar por la mejor educación posible, es aceptable pese a que mantiene la inmoralidad del “quitar a unos para dar a otros”(el saqueo como lo llamaba Bastiat).
Lenguas oficiales y caos
Ahora bien, si se imponen lenguas oficiales y una de ellas está politizada con lo que su uso se entiende como cualidad del buen ciudadano al tiempo que se incentiva su estudio con muchos puntos a la hora de ser funcionarios (siempre que el número de burócratas sea bastante amplio para suponer una expectativa de trabajo para la gente en situación de trabajar), se tenderá a despreciar una a favor de la otra porque interesa a un gran número de gente o no les queda otro remedio. Pero si a este hecho le añadimos la convergencia del nacionalismo que ve que la única diferencia con el resto de los territorios cercanos es la lengua y en ella edifica su proyecto de construcción nacional, se demonizará a los que no la sepan porque no desean sumarse al pueblo catalán, gallego o vasco.
Cumplir con los dictados de las lenguas oficiales pasó de ser una medida de pluralidad a un medio de uniformizar los vehículos de comunicación social que son las lenguas. Parece realista afirmar que los Estados hacen uso de la política educativa para manejar a sus ciudadanos y exponerles una visión de la vida bastante uniforme que les permitirá no parecer injustos o contrarios a la libertad sino todo lo contrario.
La inmoralidad de un sistema gratuito
Planteémonos si un padre de familia estuviese dispuesto a dejar libremente en manos del Estado a sus hijos si no se lo impusieran. Si la respuesta es sí, no tiene por qué cumplirse para todos. Para aquéllos que prescindieran de la escuela pública, les parecería ofensivo tener que sufragar a los que han elegido no gastarse dinero en la educación de sus hijos. Es igual de pernicioso que a uno le regalen dinero teniendo suficiente a modo de subvención que entre ricos y pobres tendríamos que pagárselo.
Es inmoral que a unos les quiten recursos para que otros hagan uso de él ya que los deseos de cada uno son infinitos y sus medios escasos de modo que sustraérselos (aunque sea parte) supondría impedir el logro de sus fines que son los pasos para la búsqueda de la felicidad.

Control social y títeres de la estatización de las mentes
Nietzsche decía que “los gobiernos de los grandes Estados tienen en su mano dos medios para tener sometido al pueblo, para hacerse temer y obedecer: un medio más grosero, el ejército; un medio más sutil, la escuela. Por medio del primero ponen de su parte la ambición de las clases superiores y la fuerza de las clases inferiores, por lo menos en la medida en que estas dos clases poseen hombres activos y robustos dotados medianamente e inferiormente. Con ayuda del otro resorte se ganan la pobreza dotada y sobre todo la semipobreza de pretensiones intelectuales de la clase media. Se crean ante todo, en los profesores de todas las categorías una corte intelectual que aspira a subir; acumulando obstáculo sobre obstáculo contra la escuela privada o la educación particular que el Estado odia especialmente, se asegura la disponibilidad de un gran número de plazas, que son codiciadas siempre por un número ciertamente cinco veces superior a las vacantes de seres ávidos y hambrientos. Pero estos empleos no deben alimentar al hombre sino muy limitadamente; así es como el Estado mantiene en él la sed febril del progreso, ligándole más estrechamente aún a las intenciones gubernamentales (...) Por medio de este cuerpo docente (...) se eleva tanto bien o mal a toda la juventud de un país a un cierto nivel de instrucción útil al Estado y graduada según la necesidad; ante todo se transmite casi imperceptiblemente a los espíritus débiles, a los ambiciosos de todas clases, la idea de que sólo una dirección de vida reconocida y estampillada por el Estado os conduce inmediatamente a desempeñar un papel en la sociedad. La creencia en los exámenes oficiales y en los títulos concedidos por el Estado va tan lejos que aun los hombres que se han formado de forma independiente, que se han elevado por el comercio o por el ejercicio de una profesión, guardan una gota de amargura en el corazón mientras su aptitud no has sido reconocida por una investidura oficial, por un título o una condecoración, hasta que no pueden hacerse notar. Por último, el Estado asocia el nombramiento de los mil y un funcionarios y plazas retribuidas que dependen de él a la obligación de hacerse educar y estampillar por los establecimientos del Estado; de lo contrario, esta puerta les permanecerá cerrada siempre; honores sociales, pan para ellos, posibilidades de una familia, protección de arriba, espíritu de cuerpo en los que han sido educados en común: todo esto forma una red de esperanzas, en las que se dejan prender todos los jóvenes(...). Y concluye apostillando que el Estado aún puede “arriesgar el golpe maestro de encadenar, por dones, la escuela y el ejército, la inteligencia, la ambición y la fuerza”4.
A la sublime exposición de Nietszche habría que añadirle algún elemento más para completar su análisis. Tal y como Nozick sugirió, en el mundo docente hay un cierto miedo por el mundo laboral dado que, aunque no se llegue normalmente a ganar tanto, al menos se tiene una seguridad y estabilidad que sólo se romperá si se comete alguna barbaridad como maltratar a un alumno.
Ellos, según el citado autor, consideran que el mercado no prima el mérito al contrario que la escuela y que por tanto, hay que implantar un sistema distinto al capitalista y no guiado por sus propios patrones.
El mercado, alegan que es injusto y lo que proclaman e imparten impedirá a los alumnos prepararse para el verdadero mundo. Perderán el tiempo analizando si una palabra es esdrújula o si hay sujetos pasivos en una sentencia destinándole más horas a enseñar esto que a aprender a redactar. Si estudian derecho no verán una demanda en su vida, si bien sabrán discutir sobre el tercero de buena fe germánico y el romano...
Al final se darán cuenta que su espíritu crítico deja mucho que desear y que echan de menos aquellos tiempos de la escuela o la universidad en los cuales casi todo se les daba hecho y de lo cual poco se acuerdan. Por su cuenta o en una año de trabajo o de postgrado aprenderán mucho más que lo que les han enseñado ilustres profesores y catedráticos que vivían en un mundo irreal. Como en la novela “Los viajes de Gulliver” de J. Swift cuando el protagonista llega a Lagado, capital de la isla de Balnibarbi, y se encuentra con un comité de científicos que acababan de inventar un sistema flotante de medir el tiempo y una nueva forma de construir edificios empezando por el tejado, los docentes imparten conocimientos absurdos o inservibles para estos tiempos de acelerado progreso.

No hay comentarios: